
El Chimino y yo fuimos a ver a un inspector delegacional que tenía unas grabaciones interesantes. “Un material explosivo”, según dijo como para venderlas más caras. Desde hacía algunos días nos había estado llamando para que fuéramos convenciendo al jefe de que la inversión valía la pena. –Son pláticas telefónicas de algunos líderes sociales que fueron incluidos en las escrituras de terrenos ejidales allá por Tonalá–, nos explicó. El jefe escuchó la oferta y nos dio margen de negociación con la idea de obtener esas grabaciones, no para usarlas ahora, sino para tenerlas en stand by; hay que considerar que esos líderes sociales (de los que no vale la pena decir sus nombres, ¿no crees, querido diario?) ahora están muy bien con nuestros jefes, pero mañana nunca se sabe. El caso es que fuimos a ver al inspector delegacional, un viejo camarada que estuvo con nosotros en los tiempos de la Dirección de Seguridad y que ahora trabaja para el gobierno de la capital. Cuando llegamos le acababan de hacer una llamada para encargarle una tarea urgente, así que nos invitó a acompañarlo. Hace tiempo que no nos veíamos y nosotros no teníamos otra cosa qué hacer. ¿A dónde vamos?, pregunté mientras enfilábamos hacia el centro. – A clausurar dos restaurantes y un centro cultural en la colonia Roma–, respondió el inspector delegacional. –¿Y eso?, ¿no están cumpliendo con las cuotas?–, preguntó socarronamente el Chimino. –Eso es lo de menos– espetó el inspector –hace tiempo que no actualizan sus papeles, pero este fin de semana son las elecciones internas del partido y estos cabrones tuvieron la puntada de colocar en sus locales carteles de los candidatos equivocados. Eso no se vale; aparte de que les echamos la mano para que operen sin papeles, ellos se pasan de listos. De veras que hay gente que no entiende cómo es esto–. Al llegar al centro cultural , el Chimino y yo decidimos esperar en el coche (no fuera a ser la de malas), y desde allí vimos cómo sacaban a los pocos empleados que habían llegado y colocaban los letreros de “clausurado”. El Chimino –que es un hacha para esto de entender cómo funcionan las cosas– se explayó de lo lindo: "de veras estamos mal; había que clausurarlos a todos a ver si así entienden que democracia no es hacer lo que se te hinche la gana. ¿Ves, carnal, por qué estamos como estamos?" Pues sí, querido diario, yo por eso ni voto, a menos que mis jefes me lo manden.
