miércoles, 25 de marzo de 2009

Clausurado por antidemocratico


El Chimino y yo fuimos a ver a un inspector delegacional que tenía unas grabaciones interesantes. “Un material explosivo”, según dijo como para venderlas más caras. Desde hacía algunos días nos había estado llamando para que fuéramos convenciendo al jefe de que la inversión valía la pena. –Son pláticas telefónicas de algunos líderes sociales que fueron incluidos en las escrituras de terrenos ejidales allá por Tonalá–, nos explicó. El jefe escuchó la oferta y nos dio margen de negociación con la idea de obtener esas grabaciones, no para usarlas ahora, sino para tenerlas en stand by; hay que considerar que esos líderes sociales (de los que no vale la pena decir sus nombres, ¿no crees, querido diario?) ahora están muy bien con nuestros jefes, pero mañana nunca se sabe. El caso es que fuimos a ver al inspector delegacional, un viejo camarada que estuvo con nosotros en los tiempos de la Dirección de Seguridad y que ahora trabaja para el gobierno de la capital. Cuando llegamos le acababan de hacer una llamada para encargarle una tarea urgente, así que nos invitó a acompañarlo. Hace tiempo que no nos veíamos y nosotros no teníamos otra cosa qué hacer. ¿A dónde vamos?, pregunté mientras enfilábamos hacia el centro. – A clausurar dos restaurantes y un centro cultural en la colonia Roma–, respondió el inspector delegacional. –¿Y eso?, ¿no están cumpliendo con las cuotas?–, preguntó socarronamente el Chimino. –Eso es lo de menos– espetó el inspector –hace tiempo que no actualizan sus papeles, pero este fin de semana son las elecciones internas del partido y estos cabrones tuvieron la puntada de colocar en sus locales carteles de los candidatos equivocados. Eso no se vale; aparte de que les echamos la mano para que operen sin papeles, ellos se pasan de listos. De veras que hay gente que no entiende cómo es esto–. Al llegar al centro cultural , el Chimino y yo decidimos esperar en el coche (no fuera a ser la de malas), y desde allí vimos cómo sacaban a los pocos empleados que habían llegado y colocaban los letreros de “clausurado”. El Chimino –que es un hacha para esto de entender cómo funcionan las cosas– se explayó de lo lindo: "de veras estamos mal; había que clausurarlos a todos a ver si así entienden que democracia no es hacer lo que se te hinche la gana. ¿Ves, carnal, por qué estamos como estamos?" Pues sí, querido diario, yo por eso ni voto, a menos que mis jefes me lo manden.

jueves, 26 de febrero de 2009

La noticia llegó del otro lado


El Chimino y yo fuimos asignados para inspeccionar el aeropuerto de Ciudad Maquila, antes famosa por ser cuna del gran Divo y hoy conocida como la capital mundial del feminicidio, aunque mi comandante Vanegas diga que eso es puro invento. Ya sabes, querido diario, que con esas cosas no me meto, yo sólo hago mi trabajo y no me gusta hablar de política. El caso es que el Chimino, yo y otros miembros de la corporación fuimos traídos desde la capital para acordonar la ciudad donde hoy se reunió el Gabinete Nacional de Tranquilidad . La ciudad completa era un bunker sellado por tierra y aire; miles de efectivos militares y policíacos circulaban por las calles para inhibir cualquier intento de manifestación violenta. Ante tal muestra de poderío, el ministro del interior, el gordo Montes, se animó a declarar que no cederían “ni un centímetro” al crimen organizado, lo que –según me contó Pedrosa, asignado a la vigilancia del hotel donde sesionaba el Gabinete– acarreó un cerrado aplauso por parte de los concurrentes, todos ellos también responsables de resguardar la tranquilidad del país.
Mientras se sucedían los discursos encendidos que prometían el “punto final” a la delincuencia, mi comandante Vanegas recibió el reporte de una amenaza de bomba en el aeropuerto, lo que nos obligó a desalojarlo e interrumpir los vuelos durante más de dos horas. Aunque estuvimos busque y busque, lo único que encontramos fue –estacionada a dos cuadras– una camioneta con material químico. El Chimino golpeó la carrocería del coche con el puño y con su clarividencia habitual me dijo:
–Pareja, alguien nos está viendo la cara de pendejos.
Después nos llegó la noticia de que en el centro había circulado otro rumor de bomba y que se habían desalojado los juzgados locales, donde tampoco se encontró nada. Lo que sí se concretó, mientras tanto, fue el asalto a un banco del otro lado de la ciudad, y el robo en dos habitaciones del hotel, dando como resultado que a un senador y un director general les bajaron sus computadoras.
Fuera de eso la reunión fue todo un éxito. El gordo Montes sonrió ante la cobertura de prensa y decidió reunir a todos los miembros del Gabinete en una foto del recuerdo. Enfrente había más de cien cámaras ante las cuales los funcionarios levantaron su dedo pulgar.
–Esta va a ser la portada de mañana en todos los periódicos–, alcanzó a proferir el gordo Montes antes de subirse a su auto blindado, escoltado por once vehículos y dos helicópteros. Lo que él no sabía es que, a esa misma hora, del otro lado de la frontera se anunciaba el desmantelamiento de una poderosa red de narcotráfico de nuestro país y la detención de 700 miembros del cártel de Huatabampo, algo que nosotros no hemos podido hacer ni con ochocientas reuniones de seguridad.
–Tanta parafernalia para que se les vaya la nota de ocho columnas–, dijo el Chimino mientras abordábamos nuestro avión de regreso, pero ya no quise contestarle porque a mí de política no me gusta hablar.