
El Chimino y yo fuimos asignados para inspeccionar el aeropuerto de Ciudad Maquila, antes famosa por ser cuna del gran Divo y hoy conocida como la capital mundial del feminicidio, aunque mi comandante Vanegas diga que eso es puro invento. Ya sabes, querido diario, que con esas cosas no me meto, yo sólo hago mi trabajo y no me gusta hablar de política. El caso es que el Chimino, yo y otros miembros de la corporación fuimos traídos desde la capital para acordonar la ciudad donde hoy se reunió el Gabinete Nacional de Tranquilidad . La ciudad completa era un bunker sellado por tierra y aire; miles de efectivos militares y policíacos circulaban por las calles para inhibir cualquier intento de manifestación violenta. Ante tal muestra de poderío, el ministro del interior, el gordo Montes, se animó a declarar que no cederían “ni un centímetro” al crimen organizado, lo que –según me contó Pedrosa, asignado a la vigilancia del hotel donde sesionaba el Gabinete– acarreó un cerrado aplauso por parte de los concurrentes, todos ellos también responsables de resguardar la tranquilidad del país.
Mientras se sucedían los discursos encendidos que prometían el “punto final” a la delincuencia, mi comandante Vanegas recibió el reporte de una amenaza de bomba en el aeropuerto, lo que nos obligó a desalojarlo e interrumpir los vuelos durante más de dos horas. Aunque estuvimos busque y busque, lo único que encontramos fue –estacionada a dos cuadras– una camioneta con material químico. El Chimino golpeó la carrocería del coche con el puño y con su clarividencia habitual me dijo:
–Pareja, alguien nos está viendo la cara de pendejos.
Después nos llegó la noticia de que en el centro había circulado otro rumor de bomba y que se habían desalojado los juzgados locales, donde tampoco se encontró nada. Lo que sí se concretó, mientras tanto, fue el asalto a un banco del otro lado de la ciudad, y el robo en dos habitaciones del hotel, dando como resultado que a un senador y un director general les bajaron sus computadoras.
Fuera de eso la reunión fue todo un éxito. El gordo Montes sonrió ante la cobertura de prensa y decidió reunir a todos los miembros del Gabinete en una foto del recuerdo. Enfrente había más de cien cámaras ante las cuales los funcionarios levantaron su dedo pulgar.
–Esta va a ser la portada de mañana en todos los periódicos–, alcanzó a proferir el gordo Montes antes de subirse a su auto blindado, escoltado por once vehículos y dos helicópteros. Lo que él no sabía es que, a esa misma hora, del otro lado de la frontera se anunciaba el desmantelamiento de una poderosa red de narcotráfico de nuestro país y la detención de 700 miembros del cártel de Huatabampo, algo que nosotros no hemos podido hacer ni con ochocientas reuniones de seguridad.
–Tanta parafernalia para que se les vaya la nota de ocho columnas–, dijo el Chimino mientras abordábamos nuestro avión de regreso, pero ya no quise contestarle porque a mí de política no me gusta hablar.
No sabía que tenías blog. Llegué a través de la bitácora abandonada de Legom. No hagas lo mismo.
ResponderEliminarAbrazo.